¿Por qué en Japón casi nadie habla por teléfono en el tren? 10 costumbres que sorprenden al viajero
Hay un momento que muchos viajeros recuerdan de su primera vez en Tokio.
Entras en un vagón lleno de personas. Hay decenas de móviles encendidos. Gente leyendo, escribiendo mensajes, jugando o durmiendo.
Pero casi nadie habla por teléfono.
Para alguien que llega desde España puede resultar extraño. Para un japonés, no tanto.
Y es que viajar a Japón significa entrar en contacto con un conjunto de costumbres y normas sociales que no siempre están escritas, pero que forman parte de la vida cotidiana.
No hace falta conocerlas todas para viajar por el país. Pero entender algunas ayuda a descubrir algo mucho más interesante que una lista de monumentos: cómo funciona una sociedad diferente a la nuestra.
Estas son diez de las que más pueden sorprendernos.
1. En el tren, el móvil mejor en silencio
Japón tiene algunas de las ciudades más pobladas del planeta y una red de transporte público utilizada cada día por millones de personas.
Sin embargo, entrar en muchos trenes japoneses puede resultar sorprendentemente tranquilo.
Hablar con otra persona está permitido, siempre que se haga con un volumen razonable. Lo que está generalmente mal visto es mantener una conversación telefónica.
Los propios organismos turísticos japoneses recomiendan poner el teléfono en silencio y evitar las llamadas durante los trayectos en tren y autobús.
Detrás hay una idea que aparecerá varias veces en este artículo: intentar no molestar a los demás.
2. Hacer cola es casi un arte
Esperar el metro en Tokio tiene su propia coreografía.
En los andenes suele estar indicado dónde se abrirán las puertas. Los pasajeros forman filas y esperan a que las personas del interior salgan antes de entrar.
Lo mismo ocurre en muchos otros espacios cotidianos.
Más que una obsesión por las colas, es una forma de mantener el orden cuando muchísimas personas comparten un mismo espacio.
Y cuando hablamos de Tokio, muchísimas es la palabra importante.
3. Los zapatos no siempre pueden entrar contigo
Entrar en una casa japonesa con los zapatos puestos puede ser una de esas pequeñas meteduras de pata del viajero.
Tradicionalmente, el calzado de la calle se deja en la entrada de las viviendas.
Pero la costumbre no se limita a las casas.
También podemos encontrarnos con ella en determinados restaurantes tradicionales, templos, alojamientos tipo ryokan y otros espacios. La Organización Nacional de Turismo de Japón recomienda fijarse siempre antes de entrar.
Así que si ves una colección de zapatos junto a una puerta, probablemente sea una pista.
4. Dar propina puede ser más extraño que no darla
En numerosos países dejar propina es prácticamente automático.
En restaurantes, taxis y muchos otros servicios no existe la misma cultura de la propina en Japón que encontramos, por ejemplo, en Estados Unidos.
Un buen servicio se entiende normalmente como parte del propio servicio.
Para el viajero occidental puede resultar raro al principio. Después de unos días, probablemente deje de serlo.
Y ese es precisamente uno de los aspectos más interesantes de viajar: aquello que el primer día nos sorprende puede parecernos completamente normal una semana después.
5. Hay pocas papeleras… pero las calles están limpias
Esta paradoja desconcierta a muchos visitantes.
Puedes caminar durante bastante tiempo buscando una papelera y, aun así, encontrar calles extremadamente limpias.
¿Qué ocurre con la basura? Con frecuencia, simplemente te la llevas contigo hasta encontrar dónde tirarla.
La web oficial de turismo japonesa incluso advierte a los visitantes de que las papeleras públicas pueden ser limitadas y recomienda guardar los residuos hasta encontrar una.
Una costumbre pequeña que dice bastante sobre la responsabilidad individual en los espacios compartidos.
6. Sorber los fideos no es necesariamente mala educación
Aquí podemos olvidarnos durante un rato del silencio. En muchos establecimientos japoneses escucharás a gente sorbiendo ramen, soba o udon. Y no tienes que mirar horrorizado a la mesa de al lado. Es una práctica habitual y socialmente aceptada.
Eso tampoco significa que el viajero tenga que ponerse a competir para ver quién hace más ruido. La recomendación oficial japonesa es mucho más sencilla: si quieres hacerlo, puedes; si no, tampoco pasa absolutamente nada.
7. Saludar no implica necesariamente tocarse
Dos besos.
Un abrazo.
Un apretón de manos.
Lo que para nosotros puede ser una forma completamente natural de conocer a alguien no tiene por qué serlo en otra cultura. En Japón el contacto físico en los saludos es menos frecuente y una inclinación puede ser suficiente. Eso no significa que exista una regla universal para cada interacción. Precisamente, una de las mejores habilidades que podemos desarrollar cuando viajamos es observar antes de actuar
8. El silencio también puede ser una forma de respeto
Esta quizá sea una de las diferencias culturales más interesantes. En determinadas culturas llenar los silencios forma parte de la conversación. Un silencio prolongado puede parecernos incómodo.
En Japón, el silencio no tiene necesariamente esa lectura. En el transporte, en algunos restaurantes o simplemente en la interacción cotidiana, hablar bajo y respetar el espacio son comportamientos habituales.
La idea japonesa de omoiyari se aproxima precisamente a algo que podríamos traducir como consideración hacia los demás: pensar en cómo nuestras acciones afectan a las personas que tenemos alrededor.
9. Comer mientras caminas no siempre es lo habitual
Comprar algo delicioso en una tienda y empezar a comerlo mientras seguimos caminando parece el plan más normal del mundo, ¿verdad? No en todas partes.
En Japón existe tradicionalmente una mayor tendencia a consumir la comida en el lugar donde se compra o en espacios habilitados para ello. No significa que comer andando sea una especie de delito social. Significa, una vez más, observar el contexto.
10. No necesitas aprenderte cien normas antes de viajar a Japón
Después de leer todo esto podrías pensar que viajar a Japón requiere estudiar un manual de comportamiento. Por suerte, no.
La propia oficina de turismo japonesa insiste en algo bastante más sencillo: no es necesario dominar todas las reglas. Basta con prestar atención, respetar a quienes nos rodean y observar cómo se comportan los demás. Y quizá eso pueda aplicarse a cualquier destino.
Viajar también consiste en aprender otras formas de hacer las cosas
Nos gusta pensar que viajamos para descubrir paisajes, probar comida o visitar lugares que llevamos años viendo en fotografías.
Pero hay otro viaje que ocurre al mismo tiempo. Descubrimos que nuestras costumbres son exactamente eso: nuestras. Ni universales ni necesariamente mejores.
Algo tan sencillo como coger un tren, entrar en una casa o sentarnos a comer puede enseñarnos cómo otra sociedad entiende el respeto, la convivencia o el espacio común. Y ahí es donde viajar se vuelve realmente interesante.
Si te interesa esa parte menos evidente de conocer un lugar, en Nomadizers también hemos hablado de cómo adaptarse a una nueva cultura cuando te mudas a otra ciudad.